Este retrato de 1927 representa a uno de los tipos femeninos populares tan característicos de pintor, si bien, se aprecia una evolución que viene a enriquecer la tipología con la incorporación de símbolos y el uso de una paleta tenebrista. La modelo aparece representada hasta la cintura, con el cuerpo ligeramente girado y la cabeza de frente. Vestida con una blusa blanca y un mantón rojo, con el pelo recogido y adornado con una rosa. Destaca el rostro, de gran expresión y realismo, donde el pintor no duda en representar los rasgos faciales de esta gitana de Córdoba, como la arruga de su frente y la fuerza de su mirada. El carácter popular de la modelo se refrenda con la jarra de cobre que lleva en sus manos. Como se aprecia a lo largo de su producción, Romero de Torres pone el acento de forma recurrente en la gestualidad estática de las manos y los rostros, reescribiendo con gran maestría a los modelos del Renacimiento.
La niña de la Rosa
