En esta obra de 1910, de ambiente místico, aparece la joven cordobesa Socorro Miranda, vestida de traje negro y mantilla, iluminada por las notas blancas de puños y cuellos de encaje blanco, representando el amor místico. Sus manos, para las que tomó como modelo las de sus esposa Francisca Pellicer, sostiene un misal.
La joven está situada junto al dintel de una puerta abierta a una imaginaria plaza, donde se mezclan diversos edificios de Córdoba. En el centro un triunfo de San Rafael circulando por los faroles de la cordobesa plaza de Capuchinos. Al fondo la casa del marqués de la Fuensanta del Valle, y parte de la fuente de la Fuenseca. A lo lejos la ribera y el atardecer en los Visos.
La pintura de Romero de Torres tiene una gran carga literaria que muchos le han reprochado, pero es innegable que una de sus fuentes de inspiración fueran las obras de algunos escritores contemporáneos. Para este cuadro, el pintor toma el mismo título de la obra de Valle-Inclán. Lleva a su lienzo la pureza y la ingenuidad de la protagonista de la obra, la pastora Adega.
La obra de Julio Romero de Torres se identifica con la literatura de Valle-Inclán, por presentar en lo que a forma se refiere muchas de las cualidades que ofrece en su arte el pintor cordobés. Romero de Torres trajo a la pintura española una Andalucía inédita hasta entonces.
Este lienzo fue reproducido como contraportada en la obra “Andalucía” del poeta almeriense Francisco Villaespesa, amigo íntimo del pintor, al que le dedicó el primer poema de su libro en 1911.
