Este retrato fechado en 1914 guarda claras alusiones a los retratos del Renacimiento italiano, en los que se representa a la protagonista de tres cuartos en primer término, ataviada con un velo y vestido negros contrastado por los encajes del cuello y los puños blancos. En sus manos sostiene un pequeño devocionario con el que se refuerza la visión religiosa del tema. Tras ella, en un segundo plano, se deja ver un patio andaluz, vacío, de arcos de medio punto y naranjos. Tanto la arquitectura, propia de un claustro, como la vestimenta y actitud de la modelo, pretenden representar de forma alegórica los sentimientos y del arraigo de la religión en Andalucía, como ya hiciera en Amor sagrado, amor profano (1908), en Ángeles y Fuensanta (1909), en Flor de Santidad (1910) o en Córdoba religiosa del Poema de Córdoba (1913).
Amor místico
