Retrato juvenil que Julio Romero de Torres realizó en 1928. La expresión de candidez e ingenuidad de la joven, es la característica más acusada de este lienzo de pequeño formato. El oscuro y brillante pelo de la modelo contrasta con el rico marco que lo encuadra, estofado en oro, que sustituyó su espejo por el rostro de esta niña cordobesa.
Romero de Torres experimenta de tal manera la sensualidad del oro que no concibe su arte, sino es engarzada en el oro de los viejos marcos de los siglos XVII y XVIII, que le vienen a sus manos; necesita que sus lienzos se cobijen, se encierren en ellos.
Fragmentos de altares barrocos, olvidados retablos son motivaciones para la creación de un nuevo cuadro. Innumerables veces muchos de sus cuadros fueron pintados para los marcos.
