Es alrededor de la mujer donde gira la mayor parte de la obra del maestro. Este bello y conseguido estudio de perfil femenino sobre fondo tenebrista pertenece al grupo denominado Chiquitas Buenas, pintado entre 1927 y 1928.
La protagonista de este cuadro es María Teresa López, modelo que también posaría para el pintor en La Chiquita Piconera.
En este lienzo, las facciones serenas y agradables, la mirada tranquila y el ligero gesto de melancolía retratan a la mujer con maestría, consiguiendo un efecto admirable de realidad espacial, reflejada por la intensidad de las luces en algunas zonas y fondos en penumbra. El cuadro que nos ocupa presenta un perfecto equilibrio de formas y color.
El pintor continúa la tradición retratista de la pintura andaluza, que nos trae el recuerdo de la Escuela Sevillana barroca.
