El artista dedicó especial atención a este cuadro, pintado en 1928. Obra de plenitud dentro de la tercera época del maestro, donde observamos que las características de su estilo van evolucionando en el cromatismo, oscureciendo los tonos y el tratamiento de las figuras, liberándolas de su enigmático estatismo y volviendo al realismo que nos hace recordar sus comienzos.
El cuadro lo protagoniza Elena Pardo, que posa de espaldas, semidesnuda. Cabe destacar el colorido de la falda y el mantón que cubren en parte a la protagonista, resaltando sobre el paisaje tenebrista de fondo.
En la inspiración de esta obra, en su composición, en su estilo, en las líneas y forma e incluso en el colorido, el pintor acumula todas las sensaciones que contribuyeron a su formación artística plena. Por primera vez, el pintor elude los temas episódicos, literarios, religiosos, e incluso el mismo retrato, para llevar a su lienzo una impresión intimista de su estado de ánimo, es decir “la nostalgia”. Esta obra pintada en Madrid es una añoranza de Córdoba y de todo lo que ella representaba para el pintor, prueba de ello es la representación de La Ribera de Córdoba
