De 1907 datan dos lienzos inspirados en temas del Antiguo Testamento. Para su realización, Julio Romero emplea una técnica que imita el aspecto de los tapices al pintar al óleo directamente sobre una tela de arpillera o de trama gruesa sin preparar. Esta técnica se popularizó mucho en las dos primeras décadas del siglo XX para temas religiosos. Son evidentes las influencias del simbolismo fin de siglo y de la estética clasicista, y en ellos se pueden advertir ecos de los murales realizados por Puvis de Chavannes en la iglesia de Santa Genoveva en París. Asimismo, ambos son una copia con pequeñas modificaciones de los grabados de Gustave Doré para una edición de la Biblia de 1865.
Este lienzo representa el momento de la vuelta del hijo pródigo arrepentido, justo antes del encuentro con el padre, escena que se narra en el libro de Lucas, 15, 17-19.
